lunes, 11 de agosto de 2014

Fuego fuimos, fuego somos y fuego seremos.

¿Y ahora?

¿Y ahora qué hacemos?

¿Y ahora qué hacemos cuando creemos tener todas las respuestas?

Repasamos el libreto, una vez y otra vez, lo releemos pero no ocurre nada. La magia deja de existir cuando más se la necesita. Esto no estaba planeado, no lo esperaba. Definitivamente no estaba planeado.
Muchas preguntas nuevas, no hay respuestas al alcance, mil pensamientos en una nebulosa y una sola certeza: el desconcierto.

Hay que tener mucho cuidado con lo que querés y soñás, tal vez mañana se te cumpla y no sabrás como reaccionar.

Es un golpe que va derecho y sin escala a lo más profundo, todo ese mecanismo que desarrollaste durante mucho tiempo se desmorona, encontraste un ser superior. Uno que está hecho para quebrantar tu voluntad, como si ese fuera su objetivo: desequilibrarte. Cada palabra, cada paso, cada mirada, cada roce vulnera... te arde, te quema.

Todos tus miedos se juntan para sonreirte y coquetearte, se ven tan tentadores.

El deseo de libertad es muy fuerte, el autocontrol sirve solo para cosas las cuales sabemos el impacto y ¿cuándo no sabemos a lo que nos enfrentamos y el deseo es irrefenable? ¿para qué se vive? ¿para autocontrolarse?

Si del fuego viniste, con fuego te vas a ir, eso no lo vas a poder cambiar, pobre de tí si lo haces.

Vi algo en vos, no sabía que era pero tenía curiosidad, y de repente me di cuenta, estaba ahí, delante de mi nariz, era muy fácil... tenés lo mismo que yo: fuego.

De la ceniza renace el ave fénix y de la húmedad de un beso puede renacer el fuego.

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